PLANTAS DE MI PUEBLO - El Endrino (13)



           El endrino (Prunus spinosa, del latín prunus, > 'frutos con hueso'; spinosa > 'de aspecto espinoso') es un arbusto de la familia Rosáceas que aparece espontánea y abundantemente en los campos y bosques de nuestras comarcas y pueblos: surge con formato muy enmarañado y extremamente espinoso, intrincado y ramoso, con unos 3/4m de altura, siendo que puede transformarse en árbol de 6/7m. Debemos tener ojo clínico para no confundirlo con el ciruelo silvestre, pues son realmente  muy parecidos, a no ser que ya los diferenciemos por experiencia local. Es una planta arbustiva de grande espesura debido a su densa y fácil reproducción a través de los retoños que brotan fácilmente de sus poderosas raíces, según el parecer popular. Las semillas son divergentes, de color pardo-oscuro, pelosas cuando tiernas y rematadas con frecuencia o casi siempre con muchos espinos o pinchos tipo agujas finísimas. Sin embargo, cuando se tornan viejos, los tallos y la corteza  adquieren color  agrisado. Las ramas del endrino son extremamente espiñentas y pentámeras> estructura de corola y cáliz con 5 pétalos y 5 sépalos, respectivamente, además de presentarse con hojas ovaladas, pecioladas y alternas. Durante el invierno desaparecen, pero en la primavera brotan nuevamente, y hasta con mayor vigor. Las flores (solitarias, blancas y pequeñas)  son abundantes (foto). La floración ocurre antes que salgan las hojas; y salen en las ramas del año anterior. Los frutos del endrino  (ovoides y globosos) se conocen como arañores o endrinas (> andrinas, en mi pueblo): tratase de una drupa del tamaño de una uva pequeña cuando el fruto está maduro -¡que saudades y añoranzas de mi tiempo de niño, tentando coger las andrinas que se escondían entre la maleza! El color puede ser violáceo, azulado o negruzco, mientras el sabor es agridulce y de textura aterciopelada. Los frutos maduran al final del verano y principios de otoño. Con el fruto del endrino se hace el famoso pacharán > rosado licor español, de origen vasco/navarro, con 25/30% de alcohol, obtenido a través de maceración de las andrinas en aguardiente anisado              Un detalle curioso: las andrinas tienen bajo aporte calórico debido a su reducida proporción de hidratos de carbono. Ya las frutas del sotobosque son ricas en calcio, potasio y hierro (facilitan  el tránsito intestinal), taninos (acción astringente) y ácidos órgánicos (acción antifúngica y antibacteriana). Sin embargo, lo que caracteriza de manera singular los frutos del endrino son sus pigmentos naturales (carotenoides) de propiedades antioxidantes; cuando verdes son ásperos al paladar (no comestibles), pero cuando maduros son excelentes laxantes, tonificantes y depurativos. Desde tiempos inmemoriales, el endrino se ha considerado una planta medicinal,  usada como alimento y bebida en coctelería, principalmente como aromatizante: con los frutos del endrino se elaboran mermeladas, jaleas y el famoso licor vasco/navarro pacharán, así como se utiliza para aromatizar vinos y licores artesanales (familiares). Las flores del endrino, cuando preparadas en tisanas,son excelentes laxantes; los frutos son astringentes y con ellos se preparan mascarillas cosméticas. Hasta su madera, fuerte y resistente, se utiliza en ebanistería y tornería en la fabricación de bastones, muletas y otras empleos. En España se han conseguido variedades de endrinos de excelentes cualidades para el sector industrial dado su buen comportamiento agronómico, pues se trata de una planta autoincompatible sexualmente hablando y, por eso mismo, el cultivo necesita de diversas variedades en su plantación por esquejes o semillas, tendo en vista la polinización y la posterior fecundación.     Los endrinos son arbustos muy resistentes, no exigiendo riegos abundantes ni regulares cuando se decide usarlos en jardinería. Se adaptan muy bien a zonas secas y poco húmedas; en su estado silvestre aparecen en laderas, montes, riberas de sotobosques, caminos, ríos y arroyos. Pero su cultivo requiere suelos de buen drenaje y mucho sol. En malas condiciones ambientales, los frutos del endrino tienden  a criar poca pulpa y no tienen sabor. Durante la floración es necesario protegerlos del frío y de las corrientes de viento. La época del plantío es la primavera, por semillas o por esquejes (injertos) de otros ejemplares escogidos a dedo. Es un arbusto que se reproduce y brota con relativa facilidad en zonas de incendios o quemas. En realidad, el endrino como planta silvestre, despierta un cierto interés debido a sus frutos,  las andrinas. Al crecer de forma espontánea en los montes, bordes de caminos y ribazos del sotobosque, en laderas soleadas y secas, o de modo especial en terrenos pobres y pedregosos, su típica recolección se torna manual y prácticamente casera/familiar. También se aprovechan, como ya dijimos, sus hojas, flores y madera.                  Los endrinos son conocidos desde la antigüedad como plantas medicinales y alimenticias. Tiempos atrás, fueron encontrados en antiguos poblados lacustres del Neolítico algunos huesos de endrino. Su valor terapéutico reside en los ácidos glucósidos, taninos, vitamina C y pigmentos naturales (carotenoides), con propiedades diuréticas, de ligero efecto laxante. Los frutos del endrino contienen taninos y ácidos orgánicos, útiles cuando secos en virtud de sus poderes astringentes y algo tonificantes. Se utilizan contra afecciones de las vías urinarias y de la vejiga, así como en trastornos digestivos y de la menopausia. También parecen útiles en la prevención de tumores y afecciones reumáticas, y en la eliminación de granos o espinillas. La corteza y las hojas tienen propiedades antiasmáticas y antidiabéticas. A su vez, las flores del endrino son útiles en infusiones como laxante infantil, pero mucho más como diuréticas. También la tintura de las endrinas tiene aplicaciones sudoríficas, diuréticas y laxantes. En alimentación, los frutos frescos se emplean para fabricar confituras, mermeladas, jugos, jarabes (contra diarrea), licores y vinos de andrinas.        Según algunos entendidos, del endrino se extrae el mejor tonificante, el más exquisito y digestivo licor de España -  el pacharán, principalmente el navarro ya que existen otros pacharanes ej.: el de Rute > pueblo ‘licorero’ del anís, en tierras cordobesas. Tratase de un licor anisado obtenido por maceración de las endrinas en aguardiente o anís. Las frutas se deben coger cuando estén completamente maduras, o sea, cuando presentan un  color rojizo en su pulpa que se consigue extendiendo los frutos y dejándolos secar (‘pasar’) al sol, o bien dejándolos en el ‘árbol’ hasta que madurezcan y se deshidraten completamente. Sólo de esta forma el pacharán adquiere un dulzor característico, es menos áspero y se le deja con un ligero toque ácido. En Navarra (España), existe una larga y tradicional historia de fabricación del pacharán (también consumo), donde se desarrolló el cultivo del endrino. En 2002, por ejemplo, el pacharán de esta región autónoma conseguió el sello de Denominación de Origen Pacharán Navarro, garantizando y protegiendo su calidad. ¿Que tal elaborar esta receta casera, colocada on-line por un experto en pacharán y que, según opina, ‘da muy buenos resultados’? En su pequeño apartado, nuestro conterráneo                                                                     comienza diciendo: “a finales de agosto o inicios de septiembre maduran las endrinas. [Más] conocidas como pacharanes o arañones, son los frutos de un arbusto silvestre autóctono, el endrino, que desde épocas antiguas se emplearon para la elaboración casera del pacharán, licor anisado que presenta en Navarra una larga tradición de fabricación y reconocido prestigio”. Corroborando esta iniciativa, tomo la libertad de colocar a disposición de mis lectores esta receta – un pacharán casero.         Antes de todo, se lavan las endrinas y se introcen en un envase de 1 litro así discriminado: ¼  o vasito de endrinas, al cual se agregarán café (5 granos), canela (1 hojita de canela en rama) y manzanilla (4 cabezuelas). Posteriormente se agrega el anís hasta completar el envase: ¾ > mitad de anís dulce, mitad de anís seco, aunque puede hacerse sólo con un tipo de anís. Si fuere seco, se añade azúcar. Tapase herméticamente la botella de cristal (de preferencia con cuello ancho), y se le deja en maceración a oscuras, al menos por 6/7 meses. Durante todo este tiempo, las endrinas ya habrán soltado su color rojizo, vitamina C y demás componentes. También el aroma original del anís habrá igualmente desaparecido. A partir de este momento, podremos degustar (¡claro, con moderación!) un exquisito, digestivo y tonificante pacharán navarro. El amigo nos alerta: “impacientes gulosos no podremos resistir a la tentación, y ya por Navidad probaremos este licor espirituoso en alguna sobremesa, [ciertamente] en honor a ese breve lingotazo que se permiten los aceituneros y currantes en las frías y grises mañanas invernales de camino para el tajo”. Hasta la vista, baby’s.